
En Colombia es cada vez más frecuente, aunque aún incipiente, el interés de los empresarios en la Responsabilidad Corporativa y la Sostenibilidad, R&S. Algunos de ellos, ya utilizan términos propios de su jerga. Otros, han dado un paso más y de la prosa han dado el salto a la praxis, iniciando el proceso de integrar sus principios y valores asociados a su visión de hacer negocios. Y hay aquellos que al conocer el concepto, reconocen que ya es parte de su cultura empresarial. El interés no es otro que estar a tono con las tendencias del mercado que imponen este tema como un factor de diferenciación y de competitividad.
Esta seguramente es una de las razones para que sean cada vez más frecuentes espacios de diálogo entre empresarios para intercambiar experiencias sobre el tema. Ojalá sus reflexiones permitan a nuestros gerentes clarificar el concepto y los alcances de lo que me arriesgo a llamar el pilar de la gerencia moderna, la R&S. Las universidades y escuelas de negocio bien podrían ayudar incluyendo este tema gerencial dentro de su pensum académico; así como los medios de comunicación cumpliendo una labor pedagógica. Otra razón para que la R&S esté en boga, es la inviabilidad del modelo de gestión clásica de empresa frente a sus cada vez más difusas fronteras. Los nuevos retos los impone la globalización, el cambio en los mercados sustentado por las tecnologías de la comunicación, la tercerización de servicios, y la presión de los grupos de interés que rodean a las empresas: estos grupos son cada vez con más conscientes de la influencia que tienen en la sostenibilidad de las compañías, y por lo tanto en su toma de decisiones, y hacen que existan nuevas reglas de juego. Hoy, el mercado está exigiendo una visión sistémica del negocio y unos mínimos éticos que van más allá de los que establece los “contratos sociales” de cada país y sus legislaciones vigentes. Están en auge valores supra nacionales como la solidaridad, la transparencia, la confianza, determinantes para los consumidores, clientes, empleados, potenciales socios comerciales y estratégicos. Y el resultado es el incremento de organismos internacionales que exhortan a las empresas a comprometerse con principios y valores asociados a la R&S.
La crisis que asola a buena parte del planeta demuestra la inviabilidad de un modelo capitalista entregado al dogmatismo de la autorregulación: no basta con que la empresa cree círculos de creación de valor no virtuosos y de carácter endógeno. Y la crisis acaba de llegar, pero los problemas no son tan nuevos. Hace años que estamos asistiendo a numerosos escándalos en la gobernanza de las empresas, al derrumbe de compañías otrora ejemplares en sus resultados. La actual crisis económica global es la consecuencia sistémica de ese dogmatismo. El New York Times ha planteado editorialmente: “La crisis podría haber sido evitada si los reguladores hubieran aplicado las reglas, y si los funcionarios gubernamentales hubieran cuestionado los préstamos riesgosos y otras prácticas dudosas”. Hay que apostarle a apuestas gana-gana, círculos virtuosos que generen beneficios a las empresas con sus grupos de interés en una relación de beneficios mutuos.
Son tiempos diferentes que exigen un nuevo discurso. El gerente moderno no puede permitirse ser el de antaño, aquel que sólo debía gestionar los intereses de los accionistas e inversores. El actual, debe adquirir nuevas competencias y conocimientos que le permitan gestionar las necesidades y expectativas de todos aquellos interlocutores que impactan directa o indirectamente el negocio. Es la única manera para minimizar los eventuales riesgos al que pueden verse expuesto. Pese a esto, muchos empresarios aún soportan su cultura organizacional con el trillado discurso de Milton Friedman en los años setenta. De ellos, aquellos que aún mantienen su negocio, se puede asegurar que cuentan como una de las amenazas posibles e inminentes su insostenibilidad en el mediano y largo plazo. Hoy sabemos que quien no gestiona o gerencia el capital reputacional, relacional y humano de la empresa, está poniendo en riesgo a su organización. Hay que renovar paradigmas empresariales. Muchos ojos velan y castigan a las empresas que no lo hacen. Las esperanzas para superar las asimetrías del mercado y generar crecimiento económico para el sistema recaen ahora en las empresas. Tal y como explica Adela Cortina, “la salvación de los hombres ya no puede esperarse únicamente de la sociedad, como lo quería la tradición rousseauniana, ni tampoco del Estado, como pretendía el socialismo real de los países del Este, ni, por último en la conversión del corazón de la que hablaba cierta tradición kantiana, es una transformación de las organizaciones las que puede salvarnos¨. La transformación no es otra que la de su humanización, el convertir a la empresa en ese ciudadano corporativo al que se le exigen además de derechos, deberes y responsabilidades por sus acciones así como por sus omisiones y que se mueve inspirada por unos valores.
Es mucho lo que aún tenemos que avanzar para que la R&S sea una realidad empresarial y que cumpla su fin antropológico. La visión de la R&S en nuestros países dista de ser un tema centrado en valores, ni siquiera es asumida como una inversión. Se reduce su concepción como un gasto esporádico y puntual. Percepción que los empresarios no cambiarán hasta que sepan como orientarla de forma estratégica al negocio e inicien a disfrutar de sus beneficios tangibles en el negocio. Un empresario que quiera experimentar aventurarse en esta tarea bien podría seguir estos pasos: 1) incluir la RSE en su cultura organizacional, misión, visión valores; 2) crear un ambiente de diálogo con sus grupos de interés para identificar sus necesidades y expectativas; 3) establecer una política de RSE que contenga los compromisos para con ellos y su marco de relación; 4) insertar la R&S de forma transversal en la estrategia del negocio a través del establecimiento de un sistema imbricado con la gestión estratégica y operativa de la empresa, procesos y procedimientos; 5) realizar proyectos que den cumplimiento a cada uno de sus compromisos; 6) diseñar una batería de indicadores que permita la auditoría y la medición de impactos; y 7) rendir cuentas de los resultados a través de informes de gestión. No deberá olvidar que es un tema de gerencia pura y dura, que para ser exitoso debe ser asumido desde la cabeza de la organización. En los países más avanzados, el responsable de la planeación de la R&S es el máximo órgano de dirección y delegan su control y seguimiento en un comité gerencial interdisciplinario. La auditoría suele ser externa. En nuestros países, la R&S está en cabeza de gerentes de compartimentos estanco de la organización o en el peor de los casos, en mandos medios con poca o nula influencia en el direccionamiento estratégico del negocio.
Si bien la empresa privada es el agente más activo en la R&S, también juegan un rol determinante los gobiernos y la sociedad civil. Los gobiernos dando ejemplo a través de su accionar socialmente responsable, creando un ambiente de negocios competitivo que facilite a las empresas desarrollar sus actividades, así como con el diseño e implementación de políticas públicas e incentivos tendientes a impulsar y fomentar prácticas empresariales responsables. La sociedad civil, interactuando como agente imparcial de las empresas y el gobierno, dándole a conocer sus necesidades y expectativas y estableciendo con ellos flujos de comunicación constructivos en una labor de promoción, seguimiento y control. El óptimo para la efectividad de la R&S sería la articulación de los esfuerzos entre estos tres actores sociales.
Colombia es, sin duda, uno de los países en Iberoamérica que se encuentra más sensibilizado con iniciativas legislativas y gubernamentales para el fomento de la R&S. En el año, 2006 el Incontec del Ministerio de Desarrollo Económico expide la Norma Técnica sectorial TS001 por la cual se establecen los requisitos de sostenibilidad de los destinos turísticos en Colombia; en el 2007, se inicia el trámite en el Congreso de la República del controvertido Proyecto de ley 31 “Por la cual se definen normas sobre la Responsabilidad Social y medioambiental de las empresas y se dictan otras disposiciones”; y en el 2008, hace unos meses, el Incontec expide la Guía Técnica Colombiana de Responsabilidad Social, número180. Ojalá todas está serie de iniciativas y aquellas del ámbito internacional, como la ISO 26000 que se viene cocinando desde hace años, permitan que la R&S se vuelva parte del ADN de las empresas. La crisis económica actual será la que dilucidará el eterno debate de si la R&S es una moda o no. Aunque eso dependerá del grado de madurez en su aplicación. Si la R&S es instrumental o no. Si la R&S es vista como marketing o cosmética, seguramente terminará confirmándose que es una tendencia empresarial pasajera y será rezagada por un tema de minimización de costes. Quienes creemos que la R&S es un pilar de la gerencia moderna, podemos vaticinar que vino para quedarse y fortalecerse en el tiempo. Ojalá así sea. Para beneficio de todos.
Tres son las causas fundamentales de la actual crisis financiera, según Bernard Kligsberg, asesor de la Unesco, el Banco Interamericano de Desarrollo y Unicef: “unas políticas públicas que eliminaron los controles de la economía, unas fallas éticas de los líderes de los mayores corporativos que derivó en una “codicia desenfrenada” de los altos ejecutivos y un predominio de una ideología fundamentalista sobre el libre mercado que acabó con los valores éticos” En últimas, una crisis de valores de la sociedad en su conjunto.
Enrique Iglesias, Presidente del BID, en la Quincuagésima Reunión Anual de la Asamblea de Gobernadores del Banco Interamericano de Desarrollo y la Vigésimo Cuarta Reunión Anual de la Asamblea de Gobernadores de la Corporación Interamericana de Inversiones, respaldaba esta afirmación cuando decía palabras más, palabras menos: el crecimiento del modelo económico actual no se fundamenta en los valores fundacionales del capitalismo que pregonaba Adam Smith: honestidad, probidad y solidaridad. Y tenía razón, Smith intentó demostrar en su obra clásica Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones (1776), que era posible buscar la ganancia personal de forma que no sólo se pudiera alcanzar el objetivo individual sino también la mejora de la sociedad. Para Smith la combinación del interés personal, la propiedad y la competencia entre vendedores en el mercado llevaría a los productores, “gracias a una mano invisible”, a alcanzar un objetivo que no habían buscado de manera consciente: el bienestar de la sociedad.
¿Cuáles son entonces los valores del actual capitalismo?. Erich Fromm afirmaba ya desde hace varias décadas en su obra “El Corazón del Hombre”, que el hombre actual se caracteriza por su pasividad y se identifica con los valores del mercado porque el hombre se ha transformado a sí mismo en un bien de consumo y siente su vida como un capital que debe ser invertido provechosamente. El hombre se ha convertido en un consumidor eterno y el mundo para él no es más que un objeto para calmar su apetito. Y remataba con esta sentencia “La sociedad moderna ha enseñado a sentir al hombre a sentir que no es su felicidad la meta de la vida, sino su éxito o el cumplimiento del deber de trabajar. El dinero, el prestigio y el poder se han convertido en sus incentivos y sus metas”. Vemos como la riqueza, el capital, es el valor supremo del modelo económico, aún por encima mismo del hombre. Este afán desmesurado por obtener y maximizar riqueza a toda costa es lo que hace que el poder, la inmediatez, el individualismo, la competitividad, el utilitarismo y el pragmatismo sean los valores que sustenten axiológicamente el modelo.
Dentro de esta escala de valores una persona detenta más poder en la medida que posea más capital. Es decir, una persona con capital vale más que una persona sin él, lo que es lo mismo que asumir que el capital vale más que la persona misma. Este supuesto legítima el pensamiento pragmático y utilitarista del modelo, que excusa que el fin –obtención de riqueza- justifique los medios. La competencia en la sociedad postmoderna exige resultados rápidos, instantáneos y ante todo al mínimo costo. La macdonalización de la economía, como algunos lo han denominado: especificidad de medios para conseguir un objetivo rápido y con el menor esfuerzo y coste posibles, poniendo la atención en la cantidad y no en la calidad y el control. La falta de controles es un hecho evidente en nuestro sistema financiero.
Al trasladar esta escala de valores a la cultura organizacional o empresarial encontramos que se fomenta la competencia más que el desarrollo personal y la consecución de utilidades por encima de la violación de derechos humanos, laborales o degradación al medio ambiente. Un estudio de Aspaen Institute evidencia que con el paso del tiempo los especialistas en gerencia de empresa, MBA, tienden a considerar en mayor medida a la creación de valor para el accionista como el criterio más importante de las compañías, por encima de las necesidades de los clientes o la satisfacción del producto. Los mismos especialistas que están detrás de sonados escándalos éticos de grandes empresas como Enron y Parmalat, y de las hipotecas basuras que iniciaron el desplome financiero de la banca en Estados Unidos, y que han generado la crisis financiera global. El individualismo y la visión sesgada a un colectivo también se han visto reflejados en el manejo de la crisis económica. Algunos países, por ejemplo, respondieron con políticas que aumentaban las barreras al comercio internacional, que ha generado ahondar la recesión mundial, Estados Unidos contemplaba pedir más gasto y Europa mayor moderación.
¿Cómo hemos llegado aquí? En este afán por buscar responsables muchos ya ponen sus ojos en las universidades y escuelas de negocio, son ellas las que han terminado de formar a los “autores intelectuales” de las estrategias estatales, financieras y empresariales que hoy están seriamente cuestionadas. Si se revisan sus pensum académicos y las teorías económicas que allí se enseñan se reflejan una visión economicista simplista en donde prima el egoísmo y el oportunismo. La estrategia de competitividad que subyace es “generas valor en la medida en que explotas a tus colaboradores, exprimes a tus proveedores y sacas provecho de tu clientes”. Una regla tacita en que las utilidades son inversamente proporcionales a las pérdidas de otros. Una operación de restas.
Para algunos, en los que me incluyo, este tsunami ético ha llegado hasta un punto de saturación que no puede agudizarse. Es evidente que el modelo económico bajo estos supuestos éticos ha fallado y ha generado en la sociedad zozobra, desconfianza, pobreza y desigualdad. Era de esperarse, su inviabilidad y sostenibilidad en el tiempo. El horizonte temporal del inversión de modelo actual es una visión de corto plazo, su énfasis es la orientación a tareas y no a relaciones, y la fuerza impulsadora son las metas y no la gente. Ya hay muestras que se avecina un cambio de época, un nuevo orden económico internacional.
El G-20 que reúne a los países más poderosos del mundo que representan el 85% de la economía mundial en su cumbre reciente celebrada en Londres muestra con sus acuerdos, que ya el cambio inició. El objetivo común de todos los acuerdos, restaurar la confianza, el crecimiento y los puestos de trabajo; reparar el sistema financiero y de crédito; reforzar la regulación y restituir la confianza (…) y rechazar el proteccionismo. Para lograrlo acuerdan una estrategia global, al entender que estrategias unilaterales son inconvenientes y terminan agravando, en una suerte de trampa colectiva, los problemas que intenta resolver.
Fallas éticas pronunciadas en políticas públicas. Para Kliksberg la desregulación como dogma ideológico llevó a dejar sin protecciones básicas el interés colectivo. Se desmantelaron las restricciones al funcionamiento de los mercados financieros no bancarios. En el G-20 se acordó promover la convergencia de la regulación bancaria e incrementar su regulación.
Falencias éticas en el tejido empresarial. Entre ellas, señala el mismo Kliksberg, la especulación sin límites en el mercado de derivativos y la presión de los cortoplacistas especuladores para hacer bajar el precio de las acciones. Las remuneraciones desmesuradas de los CEOS. El afán de los socios de grandes empresas por obtener buenos resultados, sumado a la pericia de los altos ejecutivos para complacer a los socios en términos de resultados llevaron a que las empresas asumieran sistemáticamente altos riesgos. El G-20 acordó establecer una serie de principios que deben guiar la compensación de los ejecutivos bancarios.
Fallas éticas en el sistema financiero. Los agujeros fiscales que estimulaban el sobre pago que en la práctica virtualmente se auto fijaban. El G-20 acordó un conjunto de medidas en contra de los paraísos fiscales y un mayor control a los inversionistas de portafolio. Así mismo, incrementar la liquidez mundial y los créditos a los países en desarrollo.
Las decisiones tomadas por el recién electo Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, dan muestran de este cambio de valores. Orden del cierre de la prisión en la base militar de Guantánamo, Cuba, en el plazo de un año; prohibición de la tortura a sospechosos de terrorismo detenidos en cárceles de la CIA (Agencia Central de Inteligencia); levantamiento del bloqueo a fondos estadounidenses para clínicas y otras organizaciones en el exterior que podrían apoyar o realizar abortos; el liderazgo que ha asumido al convocar convocó a las economías mayores mundiales a la reunión del cambio climático. Así mismo, su forma de relacionarse con otras naciones: con Rusia, negocia e incrementa el desarme nuclear y el tratado de no proliferación de armas atómicas; con Beijín establece un sistema de consultas permanente en materia política y económica; con Irán, establece acuerdos de cómo salir de la crisis de Afganistán; con Cuba, contempla negociaciones para el levantamiento del bloqueo económico a la isla.
El Pacto Global de Naciones Unidas, por su lado, está impulsando también este cambio para las empresas y para las asociaciones académicas de todo el mundo. Para estas últimas presentó seis “Principios para una Educación Responsable” que pretenden ser un marco de referencia sobre el que se asienten las bases de una educación común e integradora dentro de una sociedad cada día más globalizada y que necesita de nuevos valores para un desarrollo más sostenible.
Amanecerá y veremos, ojalá estos indicios no sólo evidencien una época de cambios sino que constaten lo que muchos anhelamos, un cambio de época.