Cuaderno de la Gerencia Responsable y Sostenible

noviembre 21, 2008

RC del 1.700

 

Hoy  complementaré unos de mis post anterior. Allí me refería a la Teoría de Adam Smith: el interés propio es lo que promueve el bienestar social. Rafael Domínguez Martín  en su artículo “la Responsabilidad Social Global Empresarial: el sector privado y la lucha contra la pobreza” complementa la reflexión  sobre la interpretación de su afirmación. Señala que  contrario a lo que muchos piensan, el amor propio de Adam Smith como motivación fundamental en los negocios, no opera en el vacío moral. En sus palabras,  “para Smith, la reputación (el deseo de aprobación social) importa porque suscita la simpatía del «motivo del agente» y la «gratitud de quienes ha cosechado el beneficio de sus acciones», según unas reglas generales basadas en el «sentido moral» (una especie de sentido reflejo), y también porque las acciones respetables «tienden a promover la felicidad del individuo o la sociedad» por aumento de la eficiencia”. Claramente se está refiriendo a la Teoría de los Sentimientos Morales  de 1759.

 

Desde entonces la visión del negocio como medio de creación de riqueza para un grupo más amplio que los accionistas era sugerida e implementada. Ejemplo de ello, el industrial Robert Owen (1771-1858), citado en el mismo artículo. Entre 1797 y 1814, Owen fue gerente de la fábrica textil más grande de Gran Bretaña, en New Lanark, una empresa de casi 2.000 obreros, una cuarta parte de los cuales eran menores de edad procedentes de los orfanatos de Edimburgo y del cercano Glasgow, que empezaban a trabajar a los cinco o seis años. Durante ese período la fábrica obtuvo una RENTABILIDAD NETA DEL 15% del capital invertido. En 1814, Owen consiguió deshacerse de sus incómodos socios, que le habían contratado como el ejecutivo mejor pagado del país, y dio entrada a algunos accionistas como Bentham y otros filántropos y reformadores sociales para continuar poniendo en práctica sus ideas, esta vez sin ataduras. Owen erradicó el trabajo de los menores de 10 años, disminuyó la duración de la jornada de los adultos a 10.30 horas (frente a las 13 o 14 de la competencia), elevó los salarios, creó un seguro de desempleo (durante la crisis algodonera de 1806 ya había seguido pagando los jornales), construyó viviendas higiénicas para los trabajadores, les dio atención médica, e invirtió en infraestructuras básicas y en una escuela de educación infantil y primaria, todo lo cual reportó un AUMENTO DE LOS BENEFICIOS DE LA EMPRESA, EN UN 50% ANUAL, Y LA COMUNIDAD.

 

 

noviembre 7, 2008

La teoría de Nash

Filed under: Economía — Piedad Rojas @ 2:28 pm
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No existe, en la historia del cine, una secuencia que explique mejor cómo la colaboración con nuestro entorno nos lleva a generar mejores resultados para todos. En esta secuencia de “One wonderful mind”, John Nash explica cómo la colaboración permite que todos los miembros de una misma red alcancen sus objetivos. La mirada de Nash es brillante. Todo sucede cuando él y un grupo de compañeros llegan a un pub y ven a un grupo de chicas. Son tantas como ellos y una más. Una es muy guapa, las otras menos. Mientras todos piensan sobre quién se queda con la más guapa, él propone la estrategia adecuada: dado que el objetivo es terminar en la cama con alguna, y que no acercarse a la más guapa, según sus cálculos, facilita las aproximaciones con las demás, resulta más conveniente que todos prescindan del señuelo de la belleza. La mirada brillante de Nash provoca una reflexión: dado que el entorno es uno de los factores que definen nuestro negocio, y que de nuestra relación con él depende nuestra ganancia, construir nuestros objetivos sobre la base de lo común es la opción más inteligente. Para hacer, de lo compartido, una fortaleza en permanente retroalimentación. Para todos esta maravillosa secuencia de “One wonderful mind”.

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